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viernes, 25 de enero de 2013

El arte del buen comer


Por Mariano Casas Di Nardo
@McasasDiNardo
Especial para ConexiónBrando

La mesa, ese escenario crucial que enfrenta a dos o más personas; ese instante donde el mínimo error puede marcar el destino de un encuentro o peor, de un desamor. Ya sea en una reunión de negocios o en una cena romántica, la elegancia que se ofrece en la mesa, es sin duda, el reflejo de cómo se es en otros aspectos de la vida.

Una secuencia típica e incómoda que puede llegar a suceder, muestra a dos o más comensales frente a una variada artillería de cubiertos, todos elegantemente distribuidos, perpendiculares a una larga hilera de copas, que hacen de fortín al plato. Todos hablan, se miran y comentan anécdotas hasta que alguno se digna a dar el primer paso, el cual será imitado por el resto. Por eso y para evitar esta embarazosa situación, aquí un listado de normas que nos presumirán de educados y correctos.

Vale recordar que todo lo mencionado a continuación no aplica si la informalidad viste la situación, porque tampoco nos vamos a hacer los delicados cuando la mesa está puesta así nomás y lo que hay para comer es una pizza de compra rápida o empanadas sin platos ni cubiertos. Pero sí, si la etiqueta asciende y nos exige criterio. Aquí, un fugaz repaso por el ABC del arte de comer.

Los cubiertos siempre son colocados en el orden en que se van a utilizar, de afuera hacia dentro. A la derecha del plato se sitúan los cuchillos con el filo hacia la izquierda. Junto al plato va el cuchillo de la carne, le sigue el del pescado y si hay sopa, una cuchara. Si se brinda una entrada de camarones, habrá un tenedor especial en el extremo derecho, ya que éste es el único tenedor que se permite de ese lado. Del izquierdo se hallarán los tenedores, siguiendo el mismo orden. Mientras que los utensilios del postre se ubicarán en la parte posterior del plato, la cuchara mirando hacia la izquierda y el tenedor hacia la derecha, uno debajo del otro. Importante: nunca habrá más cubiertos de los que se van a utilizar.

A la hora de cortar, existen dos estilos, el europeo y el americano. El primero consiste en no soltar los cubiertos en ningún momento, con una mano se corta y con la otra se lleva el bocado a la boca siempre con el tenedor con las púas hacia abajo, para pinchar el trozo y llevarlo a la boca. Por su parte, el estilo americano se destaca por cortar hasta tres futuros bocados, dejar el cuchillo cruzado justo enfrente del plato y cambiar de mano para pinchar con el tenedor y así llevarlos a la boca. Jamás hay que cortar toda la comida primero y después comerla, salvo que sea para un menor.

La servilleta siempre la encontraremos del lado izquierdo o sobre el plato en forma rectangular o triangular. Nunca dentro de las copas o en forma de abanico. Y una vez usada, se deja a la izquierda sin doblarla del todo.

Con respecto a la cristalería, las copas se sitúan partiendo del centro del plato hacia la derecha, figurando en primer lugar la copa del agua, luego la copa del vino tinto y por último la copa del vino blanco. Si encontramos una copa estilizada detrás de la del agua, es que una vez finalizada la cena, se servirá champagne.

Las fuentes serán servidas por el lado izquierdo y los platos serán retirados por el lado derecho. A su vez, el vino se servirá siempre de la derecha, ya que sus respectivas copas se encuentran de ese lado.

No utilizar los propios cubiertos para servirse de los recipientes generales como fuentes o salseras.

Por su parte, el comensal deberá sentarse correctamente, con una postura erguida. Jamás se apoyan los codos sobre la mesa. En Europa el individuo deja siempre las dos manos sobre la mesa, mientras que el americano deja, en caso de no utilizarla, su mano izquierda sobre el muslo, por debajo de la mesa (a lo Luis Miguel).

En el momento del diálogo o de beber vino o agua, el ejecutante debe dejar los cubiertos sobre el plato. No se debe accionar con los utensilios cuando se está hablando o bebiendo, menos indicar algo con el cuchillo. Por otra parte, la servilleta no es para sonarse la nariz ni para secarse el sudor, sólo es para limpiarse los labios o suavemente las manos. Y antes de beber, procuremos limpiarnos los labios y así evitar que restos de comida adornen las paredes de nuestra copa.

No se debe levantar el meñique u otro dedo al alzar la copa, ese gesto no denota elegancia, sino todo lo contrario. Y al momento de comer, jamás rodear el plato con el brazo, tampoco empujarlo cuando finalicemos, sólo dejarlo en el mismo lugar hasta que sea retirado.

Los palillos no son aceptados para limpiarse los dientes. Cualquier duda o inconveniente, no sonreír, esperar a terminar y resolver dicho problema en la intimidad del toilette.

Entrando más en lo gastronómico, el único alimento que se come con la mano es el pan. Se coloca del lado izquierdo del servicio principal y se parte con los dedos en pequeños trozos equivalentes a un bocado a medida que lo comemos. Nunca se corta con cuchillo y éste sólo es utilizado para untarle mantequilla o alguna fondue. Queda totalmente prohibido jugar con el pan, a saber: hacer bolitas con la miga, moldearlo, aplastarlo y demás repugnantes etcéteras.

La sopa debe tomarse sin hacer ruido y sin soplar. Si el caldo está muy caliente, recomendamos una interesante conversación que haga de pasatiempo (y de enfriamiento). La cuchara se introduce en el plato por el lado más próximo y se quita por el opuesto, de ese modo, si gotea, caerá sobre el plato; igual, lo más conveniente es no llenar la cuchara. Al terminar, el plato no debe ser inclinado hacia ningún costado y menos beberlo directamente. Preferible que quede un poco y no ser el centro de todas las miradas.

Las ensaladas, tartas, carne, pescado, pastas y legumbres deben ser maniobradas siempre con tenedor. En el caso de las legumbres, habrá que cargarse de paciencia y llenar el tenedor con poca cantidad, y tratar en lo posible, que el trayecto desde el plato hacia la boca no sea un revuelo de lentejas. Del mismo modo se comen las pastas, aunque si su longitud lo requiere, se puede ayudar con la cuchara. El enrosque debe ser cuasi perfecto, de no serlo, habrá que operar hasta conseguirlo. De resultar imposible, agacharse y comérselos mientras se van cayendo queda de muy mal gusto, ni hablar si el recurso utilizado es la aspiración.

Para los pescados extravagantes o mariscos, se proveerá de utensilios especiales, los cuales serán explicados por el anfitrión o por el mozo correspondiente. Por lo general son palitas y tenazas que facilitarán la desarticulación de dichos crustáceos.

Si se necesita algo que está en la mesa por fuera de nuestro radio, pedírselo a otro comensal es la mejor decisión. Nunca cruzar el brazo por delante de otro para tomarlo.

De todos modos, en el campo de la mesa siempre estamos expuestos a situaciones críticas. Entonces ahí actuará el carisma de cada uno, y saber transformar el ridículo o la vergüenza en un chiste o gracia del momento, será nuestra magia. Luego llegará el brindis, la cuenta, la pasión o la firma del contrato, pero eso ya excede a los manuales y a las costumbres del buen comer...

sábado, 19 de enero de 2013

La Sexalescencia Tener 60 en el Siglo XXI


La Sexalescencia
Tener 60 en el Siglo XXI

Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años. LA SEXALESCENCIA.  
Es una generación que ha pateado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer.

Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entónces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.  
Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura rioplatense le dio durante décadas  al concepto del trabajo.  
Lejos de las tristes oficinas de J.C. Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso.  
Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos...algunos ni sueñan  con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen de adentro en uno y en la otra. Disfrutan estando al "pedismo", porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias ,desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o volar una paloma desde el 5º piso del depto. 
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.  
Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer  y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar.  
Esta mujer sexalescente pudo sobrevir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60´, en aquellos momento de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.  
Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO S.A.".  
Pero cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.  
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo;  la gente de"sesenta", hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida.  
Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo.  Raramente se deshacen en un llanto sentimental.  
A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo... y a otra cosa 
La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada.  Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo...Ellos, 
los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette.  
En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente,recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, por que la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.
La gente de 60 de hoy, celebra el sol cada mañana  y sonríe para sí misma muy a menudo...Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los de sesenta en el siglo XXI.
  

jueves, 17 de enero de 2013

Discurso de Pepe Mujica en Río






El discurso ya se está considerando histórico,
Mujica habló ante una audiencia de mandatarios que con desgano escucharon las verdades brutales que les decía, recién a días del discurso, la prensa internacional y el mundo comienzan a tener en cuenta que no fue un simple discurso el que dijo el presidente uruguayo.

Autoridades presentes de todas la latitudes y organismos, muchas gracias. Muchas gracias al pueblo de Brasil y a su Sra. presidenta, Dilma Rousseff. Muchas gracias también, a la buena fe que han manifestado todos los oradores que me precedieron.
Expresamos la íntima voluntad como gobernantes de apoyar todos los acuerdos que, esta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir.

Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza.

¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo que queremos es el actual de las sociedades ricas?

Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?

Más claro: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible?

¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?

Hemos creado esta civilización en la que hoy estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.

Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, cuya mirada alcanza a todo el planeta.

¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?

¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía que basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis que tenemos no es ecológica, es política.

El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida.
No venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental.

Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. Porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese hiper consumo es el que está "agrediendo" al planeta.

Y tienen que generar ese hiper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida.
¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas encendidas!
Pero esas no, no se pueden hacer; porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del “úselo y tírelo”, y así estamos en un círculo vicioso.

Estos son problemas de carácter político.
Nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura.

No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”.
Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado,
"sino que tenemos que gobernar al mercado".

Por ello digo, en mi humilde manera de pensar, que el problema que tenemos es de carácter político.
Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho”.
Y desea más y más.

"Esta es una clave de carácter cultural"

Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hagan.
Y lo voy acompañar, como gobernante.
Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo "rechinan".
Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa.
La causa es el modelo de civilización que hemos montado.
Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.

Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay poco más de 3 millones de habitantes.
Pero hay unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo.
Y unos 8 o 10 millones de estupendas ovejas.
Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne.
Es una penillanura y casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas.
Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes.
¿Por qué?
Porque tiene que pagar una cantidad de cosas: la moto, el auto, cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo al que se le fue la vida.

Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?
¿Solamente consumir?

Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad.
Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra,
del cuidado a los hijos, junto a los amigos. "Y tener, sí, lo elemental"

Precisamente, porque es el tesoro más importante que tenemos.
Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama "felicidad humana"

martes, 15 de enero de 2013

Los Montoneros no supieron valorar la Democracia



A 25 años de la publicación de "Soldados de Perón. Los Montoneros", su autor, el británico Richard Gillespie, comparte con este diario sus reflexiones sobre ese pasado y las vinculaciones del fenómeno guerrillero con el presente.

“Cuando un partido o movimiento empieza a buscar una hegemonía duradera, con el Estado como instrumento principal, la calidad de la democracia sufre”. Quien habla es Richard Gillespie, inglés de Lanca­shire, noroeste de Inglaterra. Es autor de uno de los libros más emblemáticos escritos sobre el peronismo y el proceso revolucionario de los años ’70, Soldados de Perón. Los Montoneros , de cuya publicación se cumplieron 25 años este 2012. Esa investigación, que llevó seis años de intenso trabajo, se transformó en best seller no bien saltó al mercado, en agosto de 1987.
La vinculación del historiador con nuestro país había nacido un tiempo antes, más precisamente en 1971. Ese año, luego de haber finalizado sus estudios de ciencias políticas, empezó su fascinación por la política latinoamericana y en especial por la capacidad de movilización de la Juventud Peronista. Cuatro años más tarde, con algunas líneas de investigación y un español que apenas arañaba lo entendible, caminaba por la Buenos Aires de los últimos meses antes del golpe de Estado, entre la crisis económica y los embates policíacos de José “el brujo” López Rega.
Gillespie, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Liverpool, fundador del think tank Europe in the World Centre y editor de Mediterranean Politics , tomó su cámara Instamatic y se internó en el riñón de ese movimiento político joven, radicalizado y católico, que había apostado a comienzos de la década todo su arsenal político-militar a diseñar un nuevo país y, luego del regreso de Juan Domingo Perón, había tenido el atrevimiento de desafiar al líder en su propio terreno.
En esta entrevista exclusiva para La Voz del Interior habla sobre esa época teñida de sangre y sobre este presente marcado por la polarización. Son dos peronismos, dos realidades, la más cercana queriendo revivir un pasado que no pareciera tener ya demasiado sentido.
–En el prólogo de la edición de 2008, usted escribe: “Montoneros mantiene un lugar destacado en la historia de la insurgencia por ser el ejemplo de guerrilla urbana que más éxito relativo ha tenido a nivel mundial”. ¿Cómo se explica esa idea?
–Los Montoneros superaron a sus contemporáneos de la guerrilla urbana a nivel internacional en varios sentidos: las dimensiones de sus operativos militares (alrededor de 1975), su capacidad de movilizar y encuadrar a los militantes y simpatizantes y los recursos que acumularon. En este sentido, la guerrilla montonera superó incluso a los Tupamaros en Uruguay, que fueron vistos desde Europa como prototipo de la guerrilla urbana, y que fueron quizás el movimiento más comparable a nivel de la estrategia. La guerrilla urbana fue un factor importante en la derrota de regímenes autoritarios en Argentina, pero al final no llevó al triunfo político de sus protagonistas. Y junto a los movimientos que puedan reclamar éxitos relativos, hay que recordar casos de movimientos que fracasaron sin conseguir nada. Hay que pensar en Brasil, Venezuela, y algunos países centroamericanos, más o menos en la misma época. Las comparaciones internacionales son muy instructivas porque demuestran los límites del voluntarismo militarista, la importancia de la política y del contexto específico en cada país.
–Su libro debe ser uno de los textos más citados y consultados de nuestra literatura histórica moderna. ¿Cómo fue trabajar en aquellos años cuando no había tanta documentación disponible y el acceso a hablar con los protagonistas era una tarea muy riesgosa?
–Los recuerdos de los años de la investigación en 1975-1976 están muy vívidos en mi memoria. Como cualquier investigador académico, pasé muchas horas leyendo, repasando documentos en archivos o en bibliotecas, pero también tuve experiencias que no había anticipado al planificar el proyecto. Por ejemplo, reuniones semiclandestinas con algunos contactos; la necesidad de escaparme de personas que intentaron seguirme después de haber comprado algún libro político en una librería; el temor de ser encontrado con material considerado subversivo durante un rastrillaje de las fuerzas de seguridad por la noche o la dificultad de sacar mis papeles de investigación del país.
–¿Cree que la pelea de Perón con Montoneros fue determinante para que el líder no pudiera, no quisiera o no supiera encontrar en esa juventud ilustrada o en otro militante a su heredero natural?
–Creo que Perón nunca perdió su mentalidad militar y por eso, después de regresar a Argentina en los ’70, perdió muy rápido la paciencia con las movilizaciones espectaculares de la Juventud y con sus intentos de condicionar la orientación de su gobierno. A la vez, la habilidad política del líder no era lo que había sido en el pasado. No tenía idea de quién sería el heredero. Lo importante para él, para reivindicarse históricamente, había sido volver a Argentina y regresar a la Casa Rosada.
–¿La democracia era un valor en esa época o simplemente el medio para llegar a la revolución?
–Mi impresión es que, mientras la Juventud Peronista disfrutó enormemente de la libertad durante el año ’73, la mayoría de la izquierda peronista y marxista no supo consolidar esta conquista. Tenían razón en no confiar demasiado en la estabilidad de la apertura política, dado que los militares se habían retirado con su poder intacto y los gobiernos elegidos a partir de los años ’50 nunca habían podido durar un período completo en el poder. Pero en vez de valorar el potencial democrático y buscar desarrollarlo, la izquierda peronista se quedaba en el fatalismo. Eran minoritarios los elementos de la izquierda peronista que sí intentaron adaptarse a la nueva situación y que abandonaron la lucha armada para hacer política. Pienso en algunos militantes de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) con bastante historia en la resistencia peronista. Esta gente rompió con la coalición montonera, pero incluso ellos no encontraron forma de canalizar una alternativa peronista, radical y civil. Fueron muy aislados y pronto se desanimaron.
–¿Qué era el Estado era para los Montoneros?
–Los Montoneros tenían un concepto marxista bastante crudo del Estado. Lo veían como instrumento de coerción y campo de batalla fundamental en una Argentina muy polarizada. Querían usarlo como instrumento de transformación social también, pero primero había que conquistar su control. En la práctica, tenían poco tiempo para moverse abiertamente a nivel político antes de la contraofensiva de la derecha y las bajas que sufrieron en los años siguientes pueden explicar, en parte, la dedicación actual de la Cámpora a la colonización del Estado.
–¿Qué le aportó Montoneros al peronismo?
–Más que conceptos, los Montoneros aportaron al peronismo la acción, al impulsar diversas formas de lucha (no solamente violentas) y organización popular, reforzando así un movimiento que en la oposición se vertebraba en el movimiento sindical. Al reclutar fuertemente en las universidades, hubo cierta actividad intelectual también, con la que se intentaba reinterpretar el nacionalismo argentino en consonancia con una visión de transformación social. Esto ayudó a Perón a mostrar una cara más progresista, brevemente, al regresar al país en 1973. Pero a largo plazo, los Montoneros no pasaron de atraer a una minoría importante de argentinos a su visión de los retos para el país.
–¿Fracasaron solamente por sus propios pecados o los derrotó lo más conservador del peronismo?
–Los Montoneros no cuestionaron el principio vertical de organización peronista porque este coincidió con el enfoque del grupo armado original y se lo consideraba esencial para la seguridad de la organización y su eficacia. Los dirigentes no se mostraron suficientemente flexibles para adaptar los métodos de actuar. No lo facilitaba tampoco la agresión violenta desde la derecha, que empezó unos meses después de la elección de Héctor J. Cámpora.
–¿Se puede aplicar aquí esa frase de Marx que dice “la historia se repite dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”? ¿Montoneros fue una tragedia para el peronismo?
–Una tragedia, no. Formaba parte de un drama con muchos actores adicionales y de un movimiento que se consumó en una guerra interna que facilitó la vuelta al poder de las fuerzas reaccionarias. Los resultados fueron claramente trágicos. No quiero usar palabras como “farsa” para describir la Argentina de hoy, pero sí me parece triste y preocupante la manera en que el país parece haber quedado cerrado en una división configurada por el pasado y con agendas que no se adaptan a las realidades globales de hoy.
–Según su mirada de historiador, ¿cree que es necesario que la izquierda peronista revise lo sucedido en la década del ’70?
–Todo movimiento político debería intentar aprovechar el capital, formado por su propia experiencia histórica, y la de otros movimientos comparables. La izquierda peronista no es ninguna excepción. No se trata de hacerse cargo de un fracaso porque era una experiencia con elementos positivos, aparte de los negativos. La izquierda peronista, junto con otras fuerzas políticas populares, tiene el derecho de reivindicar su papel en la oposición al régimen militar, que finalmente forzó la realización de las elecciones en 1973 y un período breve de libertad política. También llegaron a tener una capacidad de movilización social extraordinaria. La tarea de sacar lecciones de la historia tendría que ser cuestión de identificar aspectos positivos y no solamente negativos, y de aprovechar de las lecciones para renovarse en un contexto político diferente. Reivindicar la historia del movimiento de izquierda peronista sin espíritu crítico y autocrítico o renunciar a toda una experiencia, sin matizar, lleva a la esterilidad política.
–¿Qué diferencia encuentra entre aquel grupo de jóvenes que soñó con una revolución, que hasta se atrevió a desafiar a Perón, y La Cámpora, este otro grupo de jóvenes que enarbola elementos simbólicos de los ’70?
–Me es difícil hacer una comparación de este tipo dado que conozco los años ’70 de Argentina mucho mejor que la situación política de hoy. Tengo más simpatía con los de ayer porque se enfrentaron a un régimen de corte exclusivista que negó derechos básicos a la mayoría de los argentinos, y en muchos casos los jóvenes, de varias orientaciones políticas, se arriesgaron mucho buscando el cambio político y social. El contexto político actual es bastante plural y es más difícil entender desde afuera la polarización, quizás ahora menos estructural que en el pasado e intencionalmente buscado y promovido por el grupo al que usted se refiere. Ciertamente, hay algunos paralelismos, porque la Tendencia Revolucionaria de los
’70, al tener la oportunidad en 1973-74, buscó colonizar puestos en el aparato del Estado y en las universidades para consolidar su influencia política. Pero esto en un contexto muy diferente al de hoy, tanto a nivel nacional como global. Cuando un partido o movimiento empieza a buscar una hegemonía duradera, con el Estado como instrumento principal, la calidad de la democracia sufre. Sin embargo, supongo que la ambición de dominar el sector público también tiene mucho que ver con la debilidad del sector privado y la sociedad civil. Me parece que La Cámpora tiene más claro a qué se opone que adónde quiere llevar al país. Desde lejos, da la impresión de contentarse con la política nacional y no tomar muy en serio los retos internacionales del país.
–¿La juventud supone un valor agregado para un político?
–No. Sin embargo, hay que reconocer que cuando un país quiere sacarse de encima a un régimen autoritario, después de muchos años de represión política, suelen ser los jóvenes los que hacen una diferencia en el balance de las fuerzas. Les falta la memoria de sufrimiento personal, tienen menos inhibiciones que sus mayores y pueden reforzar mucho un movimiento de oposición popular. Los ejemplos abundan: desde la generación de 1956 en España, los sandinistas en Nicaragua y, más recientemente, los jóvenes en el norte de África durante la llamada Primavera Árabe. Pueden aportar mucha energía, coraje e inventiva de métodos de lucha y, a la vez, suelen venir con ánimo de radicalizar los fines buscados.
Ficha personal
Richard Gillespie tiene 60 años, es profesor en varias universidades inglesas e integrante del Departamento de Política de la Universidad de Liverpool. Luego de estudiar la izquierda peronista, tema de su doctorado (1979), se dedicó a investigar el socialismo español. En 1996 fundó la revista académica Mediterranean Politics, que publica artículos sobre las relaciones de esa región de Europa. En 2008, Editorial Sudamericana publicó la tercera edición de su libro consagratorio, pero esta vez bajo el título Soldados de Perón. Historia crítica sobre los Montoneros. Actualmente, estudia la dinámica de la evolución nacionalista en la España contemporánea.
Junio de 1975, un extranjero solo en Buenos Aires
“Los recuerdos más duraderos de aquella época son en gran parte los momentos de inseguridad, de riesgo y de preocupación ante un futuro incierto, pero también mantengo memorias felices de las personas que me ayudaron en momentos problemáticos y que se convirtieron en amigos. Al haber llegado (en 1975) sin ninguna experiencia de residencia en un país extranjero, solo y con muy pocas palabras de castellano en mi vocabulario, reconozco mucho la generosidad de las personas que me ayudaron a encontrar un sitio para vivir y que me explicaron cosas muy básicas pero esenciales para subsistir, como, por ejemplo, la manera de pedir una “chica de muzzarella” en la pizzería más cercana. En un tiempo en el que había muy poca confianza entre la gente fuera de la familia o del círculo íntimo, nunca voy a olvidar a las personas que decidieron ayudarme a encontrar contactos. Me imagino que en algunos casos se basaban simplemente en la impresión interpersonal, pero en otros casos algunas personas esperaban, al mostrarme su confianza y su solidaridad humana, facilitar un proyecto de investigación seria y posiblemente útil para entender a su país”.

FUENTE: http://www.lavoz.com.ar

domingo, 6 de enero de 2013

“En ’6, 7, 8′ engañan a la audiencia”




Entre las entrevistas de mayor impacto de Magdalena Ruiz Guiñazú se destaca esta con Beatriz Sarlo, poco después de que la ensayista visitara 6, 7, 8, polemizara con sus panelistas y calificara al programa de “aparato paraperiodístico”



Intelectuales.”Debemos hacernos cargo de lo que escribimos o de lo que pensamos, e incluso ir, como en este caso, a territorios que pueden no sernos favorables.”

Pocas veces una entrevista televisiva ha tenido tanta repercusión como la que (hace casi dos semanas) ubicó a Beatriz Sarlo frente a lo que se suponía era casi un pelotón de ejecución y que, en cambio, resultó una lección inteligente de cómo responder a un panel que pretendió ser inquisitorial.
Todavía, una semana más tarde, Ricardo Forster se empeñaba en salvar su pensamiento (el de Forster) en la contratapa de BAE y Horacio Verbitsky dedicaba a Beatriz la tapa y un par de páginas en Página/12.
Por supuesto que una cosa es la percepción de quien observa y lee desde afuera y otra, la del objeto en cuestión.
—¿A qué atribuye este fenómeno que usted protagoniza? –preguntamos a Beatriz mientras una fría mañana de otoño azota Buenos Aires.
—Posiblemente a que, como invitada de 6, 7, 8, yo haya sido la primera opositora al kirchnerismo que haya aceptado sentarme frente a ese panel. Han ido a este programa otros opositores o quizá figuras no kirchneristas pero creo que he sido la primera en aceptar quedarme allí durante la hora y media que dura la puesta en el aire. Además, acepté sin condiciones. Lo único que pedí fue que mi libro ya hubiera salido, dado que tiene un capítulo dedicado a 6, 7, 8 y quise ser leal en este aspecto dándoles tiempo para que lo leyeran. No lo leyeron. Pero, bueno, ésa es otra cuestión. Repito, no puse condiciones. En primer término, me dijeron que iba a ser con el panel del programa y, luego, por Twitter me enteré de que iba a ir Ricardo Forster y, también más tarde, que estaría presente Mariotto. Creo que todo esto le dio una repercusión especial a 6, 7, 8 porque, también en el avance, el programa fue difundiendo que nos íbamos a encontrar esa noche. También el anuncio fue por Twitter, que es un medio muy politizado. Naturalmente, no todo el Twitter pero hay una zona importante de gente muy politizada que fue recogiendo el anuncio para convertirlo en un evento que tenía algo de político, algo de irónico-humorístico y otro poco de mediático.
—¿Pero usted no cree que la gran repercusión se debió, en primer lugar, a que tuvo el coraje de ir y enfrentarse con un programa de propaganda? Porque, tal como lo define Verbitsky muy claramente, no es un periodístico sino un programa de propaganda. Lo cual ubica correctamente el tema. Además, la serenidad con que usted se manifestó lo hizo doblemente interesante, al punto que, como decíamos, casi a dos semanas de la emisión se sigue hablando del programa, que interesó aun a gente que habitualmente no lo ve…
—Mire, para mí, la cuestión pasaba por lo siguiente: no es que yo estuviera esperando ese martes a las 20.30 como el acontecimiento más preciado de mi vida. Simplemente, suelo atenerme a ciertas reglas intelectuales y morales. Creo que los presidentes deben dar conferencias de prensa. Los funcionarios, también. Y en los reportajes creo que es natural que respondan preguntas. Entonces, me parece que los intelectuales debemos hacernos cargo de lo que escribimos o de lo que pensamos e incluso ir, como en este caso, a territorios que pueden no sernos favorables. Dicho esto, la consecuencia de haber ido al programa significa también que, en los próximos meses, no pisaré ningún estudio de televisión, de ningún canal, para no proporcionarle a 6, 7, 8 más archivo de imagen. O sea que la consecuencia está relacionada con la decisión de que, como 6, 7, 8 trabaja cortando, sacando de contexto y repitiendo imágenes o palabras de su entrevistado (no solamente me refiero a los entrevistados por ellos sino a los de todos los programas), para mí queda claro que, en los próximos meses no debo ir a ningún canal. Le diré más: han estado barriendo todo lo que ha aparecido sobre mí y no voy a proporcionarles ni una sola imagen más. Entonces, volviendo a su pregunta, ésta es una consecuencia que viene de un movimiento que es la afirmación de la libertad de prensa. Ni siquiera voy a entrar a discutir si es o no un programa de propaganda o un programa periodístico. Ustedes tienen el programa, yo voy. Y voy porque creo en la libertad de prensa, en la discusión y en el debate. Y ustedes encaran el debate posterior al programa de manera tal que hace imposible mi presencia como imagen durante un tiempo. A la palabra escrita no la puedo medir, claro, porque si yo me borrara de la gráfica me estaría borrando de mi propio trabajo.
—¿Usted está invitando al panel de “6, 7, 8” a que reflexione sobre esto?
—Es decir que no actúen como una amenaza sobre las opiniones a las que descontextualizan porque, de esta manera, cualquiera que emita su opinión puede sentirse amenazado.
—Además, me parece que aquí surge el filtro de la omnipotencia que significa haber creado un aparato estatal de las dimensiones del que posee el Gobierno. No hay más que mirar la lista de medios en manos del Gobierno para advertir su extensión. Entonces, el hecho de que alguien se haya atrevido a sentarse tranquilamente a contestar causa un gran revuelo… a tal punto que nos asombra. Como si hubiéramos perdido la noción de lo que es la libertad de pensamiento.
—Sí. De todas maneras, yo pienso que hay intelectuales de Carta Abierta, como puede ser el caso de Forster o de Horacio González, que contestan a cuantas preguntas se les hagan. Incluso, creo que hay intelectuales que pertenecen al universo kirchnerista que, frente a la prensa, tendrían la misma actitud que yo. Estoy casi convencida de esto. El problema son estos aparatos paraperiodísticos. Que no son aparatos intelectuales. Le completo: son aparatos mediáticos y paraperiodísticos. No son periodismo en el sentido puro de la palabra. Además, desde el punto de vista periodístico, son muy malos. En principio porque parecerían no conocer la producción de la noticia. Por ejemplo, la forma en que ellos producen los informes que aparecen allí. Como en el caso del programa en el que me tocó ir a mí, donde mostraron un informe sobre los “indignados” españoles en el que parecería que no hubieran consultado la prensa internacional. Me refiero a prensa en español. Ni siquiera hablo de la que se publica internacionalmente en otros idiomas porque, si usted lo hace, queda como un pedestal cosmopolita. Pero estoy hablando de la prensa española que se encuentra en los portales y que es de acceso gratuito: El País, La Vanguardia, El Mundo… incluso, el ABC. En 6, 7, 8 cubrieron la noticia de un modo radicalmente diferente. O sea que han engañado a su audiencia. La cobertura sobre los “indignados”, repito, es un engaño al que están sometiendo a la su audiencia que, al ver esto, pensará que así se está cubriendo en España una crisis como la que ha producido este movimiento juvenil. Insisto en que esto me parece grave porque fomentar la ignorancia del público no es un acto ni progresista, ni nacionalista, ni redistributivo. Me parece que es un acto que debería ser suprimido del propio modelo… (dado que a ellos les gusta hablar de “modelo”), porque equivale a mantener a su público en una especie de cautiverio ignorante. Además, tengo la impresión de que ellos mismos, al mantenerse dentro de esa especie de cautiverio ignorante…
Beatriz reflexiona en silencio y continúa:
—No puedo creer que esos periodistas que estaban sentados alrededor de la mesa piensen que, realmente, las manifestaciones de los “indignados” son cubiertas de este modo por la prensa española. Y esto es grave porque ellos hablan todo el tiempo de la crítica de la prensa, de la crítica de la construcción de la noticia y finalmente transmiten una noticia internacional que, por como estaba editada, parecía una película de Michael Moore. Además, había una especie de separadores en los que aparecía Carrió… y la verdad es que no se sabía muy bien qué hacía Carrió en medio de los “indignados” españoles. Separadores que pertenecen, más bien, a la cultura del “clip”; a una prensa que quiere transmitir ciertas ideas y una determinada visión del mundo.
—Volviendo a su presencia en “6, 7, 8”, una semana después, desde la contratapa de “BAE”, Ricardo Forster la acusa de “desideologización”. ¿Cómo recibe una acusación de este tipo?
Beatriz Sarlo permanece en silencio otra vez y luego, con una semisonrisa, dice:
—“Nada…” Le diría que “nada”, como se contesta en la cultura juvenil. No tengo que demostrar que no soy una persona “desideologizada”. Mucho no tengo que demostrarle a Forster. Que yo piense que tanto en el campo de la cultura como en el campo del periodismo no existe sólo la lógica del dinero, del poder o de la ideología significa que también hay lógicas formales. Que, por ejemplo, existe la lógica periodística, por la cual un diario oficialista como Página/12 se vuelve un muy mal diario. Que yo piense eso no me convierte en una persona “desideologizada”. Entonces, no tengo que andar mostrándole papeles a Forster. Ni ahora, ni antes. Ni se los pido. Es más: le conozco sus papeles a Forster y no se los pido. Ni se los voy a andar mostrando a la gente. No tengo nada para decir. Que tomen lo que yo escribo y vean si es “desideologizado”. Que lean lo que yo he escrito sobre todos los actos del kirchnerismo y díganme si no soy una persona capaz de captar una dimensión cultural; que tomen lo que he escrito sobre David Viñas, sobre la propia muerte de Kirchner, que tomen mi nota de La Nación y que lean mi libro. Yo no tengo por qué andar demostrando que tengo una ideología. Directamente me están exigiendo pureza de sangre ¿Qué quieren? ¿Saber de mis abuelos ideológicos? Yo no les pido pureza de sangre a los de Carta Abierta pero tampoco voy a admitir eso. Tengo una historia atrás. Si me quieren tirar un expediente, no lo van a poder encontrar. Creo que es por eso que están desesperados.
—También Forster habla de escribir o hablar desde las empresas que, “desde antiguo son la voz doctrinaria de la derecha argentina. Todos prefieren mirar para el costado o con cara de “yo no fui”.
—Yo creo, y traté de decirlo también en 6, 7, 8, que el periodismo tiene varias lógicas entrecruzadas. Una lógica es la de los intereses económicos. En algunos casos, del propio grupo periodístico y, en otros, de ese grupo y otras empresas más. Esa es una lógica. Pero no podrían hacer medios “solamente” con esa lógica. Porque está también la lógica periodística. Entonces, hay un entrecruzamiento y un tironeo, un conflicto permanente entre estas dos lógicas. No puede haber un medio exitoso que exprese sólo los intereses económicos del “patrón” de ese medio. Eso no existe. Algo parecido ocurre con algunas de las revistas kirchneristas que muchas veces expresan “sólo” los intereses del patrón. Pero, aun en esas revistas y diarios, usted encuentra notas como las de Horacio Verbitsky o Mario Wainfeld, que no reflejan solamente los intereses “del patrón”. O sea: son dos lógicas entrecruzadas. Sin duda, en el capitalismo, ningún diario va a sacrificar, en última instancia, los intereses económicos de sus dueños o de sus accionistas. Sean éstos familiares o parte de un gran grupo económico, como pueden ser los casos argentinos más emblemáticos. No los va a sacrificar. Pero no sacrificaría por completo la lógica periodística porque la lógica periodística también tiene un valor importante en un diario. Sin ella, el diario o el canal de TV o lo que fuere no existe. Si pierde esa lógica periodística, deja de existir. Entonces, la idea conspirativa de que todos los días llega un radiograma de Magnetto a Radio Mitre (donde trabajo) y que Zlotogwiazda lo lee ante el equipo que está haciendo el programa con él es una idea ridícula. No funciona así. Deberían escuchar y leer algo más. No estoy pidiendo con esto que lean mis notas. Sería absurdo. Un acto de narcisismo y de personalismo. Pero tampoco voy a dejarme atacar después de haber escrito lo que yo he escrito durante años.
—Por supuesto.
—Entonces, tengo credenciales. A muchos de ellos también les reconozco credenciales. A otros, no. Punto. Y no tengo nada que demostrar. Trabajo donde me dan libertad para decir lo que pienso.
En toda la actitud de Sarlo se advierte, claramente, que nadie le va a imponer los temas sobre los que quieren hacerla hablar. Pero, para dar una idea de la resonancia que tuvo la actitud de ella en el programa 6, 7, 8, repetimos con asombro que, una semana después (domingo 29 de mayo) Página/12 le dedica la tapa y las primeras dos páginas que firma Horacio Verbitsky y el martes 31 de mayo en BAE, Ricardo Forster le consagra toda la contratapa.
—Me parece, Beatriz, que el Gobierno y sus amigos consideraron ofensiva su actitud (que puede gustar o no pero que es una actitud digna). No creo que si no le hubieran dedicado tanto espacio a su último libro, “La audacia y el cálculo”.
—Por supuesto que mi libro no hubiera recibido tapa o primera y segunda en ningún diario sensato de este planeta. Digamos que, dentro de una lógica periodística, una intelectual relativamente minoritaria (aunque eventualmente trabaje en los medios) como yo no puede recibir tapa de un diario. No me imagino a un secretario de redacción pautando en esa forma. Es entonces evidente que se trata de un ataque político fuerte, fundamentalmente destinado a los “propios”. Como decirles: “No se equivoquen. Además, esta mujer escribió un libro lleno de errores”.
Piensa, se detiene y luego:
—Ese cierre de Página/12 del domingo es muy curioso.
—¿Exactamente por qué?
—Yo recibo Página/12 en papel y, luego de la nota de Verbitsky, comencé a hojearlo y en Deportes, por ejemplo, hay un título de toda la página sobre el partido que perdió Del Potro con Djokovic que dice: “Conmigo no, Delpo…”. Entonces, yo digo: “Pero ¿quién cerró este diario? ¿O se fueron todos a dormir?”. Usan la frase que yo pronuncio en un momento de 6, 7, 8 para titular Deportes?
—Le aviso, Beatriz, que ya hay remeras.
—No, no… pero lo que yo quiero subrayar es el caos periodístico que eso significa: tapa, primera y segunda página, contra un libro de alguien, como yo, que es investigador del Conicet y sabe cómo se comprueban las cosas. Por otro lado, en Deportes, se olvidaron de que esa frase es mía y titulan con ella toda la página. Desde el punto de vista de la factura del diario, todo está mal hecho. Por supuesto que si uno lo piensa en cuanto a repercusión, no queda sino decir “ah, qué bien” pero el tema es que yo no busco una ventaja. Que mi libro haya sido inspeccionado como se inspecciona una ficha (es la forma en que inspecciona Verbitsky) me parece poco interesante pero, bueno… así son las cosas. Los ingleses jamás responden a las críticas bibliográficas. Las polémicas se arman sobre ideas. El crítico tiene el derecho de decir todo lo que quiera porque previamente existió el derecho del autor a escribir también todo lo que quiso. Es aquí donde yo pongo un punto. Me atengo a la norma británica.
—También Verbitsky dice que usted no conocía, al escribir su libro, el discurso que Kirchner pronuncia, en 1983, en el Ateneo Juan Domingo Perón y en el que juzga duramente a los comandantes de la dictadura. Pero, en 1983 llega la democracia. No entiendo demasiado esta mención que parece una respuesta a la cita que usted también hace de que, justamente en 1983, Kirchner vota al justicialismo, que consideraba legal la autoamnistía que se habían otorgado los militares.
—Hace unos cuantos días que las usinas kirchneristas están haciendo circular ese discurso. O sea que yo lo conozco ahora. No cuando escribí el libro. Sin duda, era uno de los discursos que pronunciaban los sectores juveniles en 1983. Pero, además, para mí la cuestión no es qué hizo Kirchner durante los años de la dictadura. Yo tampoco le pido certificados a nadie. Cuando me refiero a esta cuestión de qué hicieron los Kirchner en la Patagonia con el tema derechos humanos, tomo el período de la democracia. Me refiero a la amnesia que tuvo Kirchner, el día que recuperó la ESMA, y dijo que venía a pedir perdón por todo el Estado argentino que, por primera vez, hacía “algo” por los derechos humanos. Me refiero a eso. No juzgaría a nadie por lo que hizo o dejó de hacer durante los años de la dictadura. Por supuesto que, siempre y cuando, no haya colaborado con la dictadura. Que esto quede claro. Algunos se exiliaron, otros fueron al exilio interno, otros a los movimientos de derechos humanos. Algunos intentamos mantener viva alguna posibilidad de trabajo intelectual. Hubo verdaderos héroes culturales, como Boris Spivacov, que mantuvo la editorial cultural Centro Editor a pesar de los allanamientos policiales. Entonces, cuando me refiero a Kirchner y los derechos humanos, hablo del momento en que él ya es intendente y, luego, gobernador. Esto, por otra parte, se aclara muy fácilmente: el aparato cultural kirchnerista no tiene sino que ir a Río Gallegos, consultar la prensa de los 12 años durante los cuales Kirchner fue gobernador y observar cuántas veces se conmemoró el 24 de marzo. Es una investigación muy sencilla.
—¿Y a qué atribuye que, en aquellas disculpas que Kirchner pronuncia en la ESMA, omite el juicio a los comandantes, que es un hecho único en la jurisprudencia internacional?
—Esta es una cosa de la que yo me ocupo mucho en el libro. Kirchner llega como un héroe que va a poner el punto cero de la Historia. A partir de “El”, la Historia recomienza. Y lo hace sobre dos “olvidos” o tachaduras indispensables para él. La primera y más próxima es la tachadura del período de Duhalde y los años que tuvo a Lavagna de ministro de Economía. Esta es la primera tachadura. Kirchner viene en 2003 como si hubiera llegado, en realidad, en 2001. Tacha esos dos años. El quiere persuadirse de que encuentra el país como lo encontró Duhalde y el que debe ser “tachado” entonces ahí es Duhalde. Político con el que, debo decirle, no simpatizo. Pero una cosa es no simpatizar con un político, y otra reconocer qué ocurrió durante “su” presidencia. La herencia positiva que Duhalde le dejó a Kirchner es a través de Lavagna. Kirchner tuvo dos años para aprender de todo el manejo del aparato económico nacional que él no podía conocer de este modo por haber sido durante 12 años (con posibilidad de perpetuarse para siempre, como les gusta a ellos) gobernador de Santa Cruz. La otra “tachadura” que hace Kirchner es la del juicio a las juntas. Un juicio que marca la originalidad de la transición argentina y la distingue de la chilena, de la uruguaya y de la brasileña. En 6, 7, 8 dije que ese plano de televisión en el que se ve a los comandantes en el momento en el que son condenados no es cancelado por la Ley de Punto Final, ni por la Obediencia Debida ni por los indultos. Ese plano no se puede cancelar porque ya había operado en la sociedad. Entonces todos los juicios que, luego, habilita efectivamente el Congreso en un proyecto de ley cuya iniciadora, creo, fue Elisa Carrió pero que los Kirchner impulsaron e hicieron propio, todos los juicios que estamos viviendo hoy, son juicios a los que hay que poner en un punto de continuidad y ruptura con ese primer juicio que le da a la transición democrática argentina su originalidad y su valor. Es de las pocas cosas de las que podemos enorgullecernos los argentinos. Ahora bien, los peronistas no pudieron vivir esto con orgullo porque no habían podido tragar la derrota electoral. Estaban todavía, en el momento del juicio a los comandantes, envenenados por el hecho de haber sido derrotados electoralmente en una elección sin proscripciones Y sobre esto, durante el programa 6, 7, 8 Mariotto esgrimió un argumento verdaderamente extravagante por lo nuevo: dijo que ellos, los peronistas, habían tenido muy malos candidatos porque los buenos candidatos habían sido liquidados por el terrorismo de Estado. Lo menos que se puede decir de este argumento es, repito, que resulta extravagante. Un argumento que no sería aceptado por ningún tribunal de historiadores.

Fuente: Perfil.com

Desalojando el pesebre


(R. Velazco, rector de la Universidad Católica de Córdoba)


Recientemente ha sido noticia que el papa Benedicto XVI en su 3º libro sobre Jesús, dice que probablemente en el pesebre en el que nació Jesús no haya habido ni buey ni burrito.
Al decirlo, está ciñéndose a los textos evangélicos que en ningún momento mencionan a esos animales. Sin embargo este dato, más bien folclórico, ha causado sensación. Muchos se preguntan: ¿Qué vamos a hacer ahora con los pesebres navideños? ¿Tendremos que sacar los animalitos con lo bien que quedaban?
Es un hecho menor, sin duda, una anécdota; sin embargo debo confesar que me gusta que el papa comience a desalojar el pesebre de tanto agregado que oscurece lo central de la fe cristiana. Si se mira bien, la presencia de esos animales es tan accesoria como toda la parafernalia navideña que le hemos agregado al nacimiento de Jesús a través de dos mil años de cristianismo.
Lo esencial –para la fe cristiana- es un niño que nace pobre, de una familia pobre y que es recibido por hombres y mujeres de buena voluntad (el texto del evangelio de Lucas dice que el nacimiento es buena noticia para “los hombres de buena voluntad”). Y son estos hombres de buena voluntad –todo según Lucas- los que se arriman a visitar a la familia pobre en el establo aquel.
Tal vez en aquel pesebre tampoco hubo reyes magos (sólo el evangelio de Mateo los menciona, y lo hace para señalar simbólicamente que Jesús es un nuevo rey de sabiduría al que rinden culto los sabios; no parece un hecho histórico probable). Hasta los ángeles son inciertos (al menos no serían con alas y coros celestiales). Lo que sí es más probable es que una familia pobre fuera visitada y ayudada por otros pobres (los pastores) que acostumbran ser solidarios con los que están tan mal como ellos.
Mucha agua ha pasado bajo el puente del cristianismo. Mucho le hemos ido agregando al pesebre hasta transformarlo en algo folclórico, tierno…inofensivo. Tenemos responsabilidad –como Iglesia- en haber transformado en algo simpático un hecho dramático. El mensaje central de la Nochebuena –para los cristianos- no es sólo la Buena Noticia del nacimiento del hijo de Dios; lo es también la “mala noticia” de que no hay lugar para Dios, porque no hay lugar para los pobres. Por ser pobre, el Niño debe nacer donde se pueda: no hay hotel, ni clínica, ni departamento, ni casa de plan, ni country…Al pesebre. Ese es su lugar –y el de Dios- en nuestra sociedad tan llena de afán de consumo, de compras navideñas, garrapiñada y pesebres en los shoppings acompañados por un señor gordo venido del norte y vestido de rojo.
Lo malo de un pesebre tan simpático y poblado de personajes anecdóticos, es que lo hemos adornado de tal modo que hemos terminado naturalizando su pobreza, haciéndola simpática. Y la pobreza es cruel. Los pobres –también hoy- van al establo, al final de la fila: en el reparto, en los planes de gobierno, en la educación, en el acceso a la salud, en la justicia, en el empleo legal; son –eso sí- los primeros a la hora de los ajustes y recortes.
Se me hace que los únicos imprescindibles en este pesebre navideño (además de María, José y el Niño; obviamente) son los hombres de buena voluntad a los que los ángeles les auguran Paz. Estos son esenciales, vengan de donde vengan. Ellos son los que ayudan a que el mundo sea un poco mejor. Son imprescindibles para que no nazcan más niños en el crudo pesebre de la exclusión y la pobreza.
Tal vez nuestro lugar en el pesebre, como universitarios, sea el de los hombres y mujeres de buena voluntad que intentamos ayudar a que la buena noticia de la Paz y el Amor se hagan realidad, enseñando, investigando, haciendo proyección social del conocimiento. Ojalá en esta Navidad muchos pobres puedan decir que la UCC ha sido para ellos una buena noticia.
Está bien que se vaya desalojando el pesebre de tanto folclore y vaya quedando lo esencial: Dios solidario con los pobres, denunciando desde un establo la exclusión; Dios entrando al mundo por la puerta de atrás para mostrarnos el camino de la fraternidad y la solidaridad. Y muchos hombres y mujeres de buena voluntad (de cualquier raza, religión, o ideología) dando una mano para que la Paz y el Amor de la Nochebuena se vayan haciendo realidad noche y día, todo el año.