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viernes, 23 de enero de 2015

Una muerte que salpica con sangre a la democracia y al Gobierno


Para: Carlos Zurit
miércoles, 21 de enero de 2015
 
 
Por Pablo Lanusse, abogado, ex fiscal Federal, ex interventor federal de Santiago del Estero.
El fiscal general Alberto Nisman fue encontrado muerto en el baño de su casa de un tiro en la cabeza. Ese hecho ya debería generar nuestra conmoción. Pero la consternación se agiganta a poco de recordar que Nisman no sólo estaba a cargo de la Unidad Fiscal de Investigación del peor atentado terrorista internacional padecido por nuestro país, sino que, unos días antes, había denunciado por encubrir ese ataque a la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Quienes conocimos a Nisman no podemos dejar de reconocer su profesionalidad, su vehemencia, su pulcritud laboral y su celo funcional en cada actuación que llevaba adelante, en cada denuncia o presentación que formalizaba ante la Justicia o en estrados internacionales. También conocimos su compromiso con la conducción del equipo de trabajo destinado a buscar verdad y justicia por el atentado a la AMIA.
Desde que se conoció la noticia me negué a creer en un suicidio libre y voluntario de su parte. La celeridad con la cual algunos funcionarios del Gobierno, al igual que la prensa iraní, quieren instalar en el imaginario colectivo la certeza de un suicidio aumenta mis dudas y nos debe llevar, con prudencia y templanza, a exigir verdad y justicia.
Desde la denuncia por el posible delito de encubrimiento contra la Presidenta y otros funcionarios y allegados a su entorno, Nisman fue sistemáticamente denostado por los medios oficialistas y los voceros del Gobierno. Por lo tanto, es seguro que en la matriz de pensamiento y comportamiento de Nisman debía encajar como indispensable su concurrencia al Congreso para exponer los argumentos y las pruebas de su denuncia. Y en eso estaba trabajando hasta instantes previos a su muerte. Por eso parece insostenible un suicidio libre y voluntario.
La concurrencia al Congreso sería la mejor oportunidad para explicar los alcances de su denuncia y, a partir de allí, el mejor lugar para encontrar contención y protección. Porque hay que decirlo, el fiscal Nisman fue dejado solo, atacado y desacreditado por las voces del Gobierno.
 
Seamos guardianes
 
La muerte de Nisman merece que todos nos convirtamos en fiscales y guardianes de la búsqueda de la verdad y de justicia, tanto sobre la denuncia que él radicó contra la Presidenta y otros funcionarios, como sobre la investigación que se circunscribe a las circunstancias que rodearon su muerte.
Los fiscales representan los intereses generales de la sociedad. Por ende que Alberto Nisman haya encontrado la muerte en este panorama obliga a que, cuando la Justicia se pronuncie sobre cómo, por qué y por quién encontró la muerte, nadie en la sociedad argentina dude de ello. De lo contrario, además de requerir que quienes tienen el honor de desempeñarse como magistrados del Ministerio Público sean personas probas, decentes, comprometidas con la democracia y la vigencia de la legalidad y los derechos humanos, deberemos añadir que tengan vocación de mártires.
La Presidenta le faltó no sólo el respeto a Nisman con su infantil carta publicada en una red social. Le faltó el respeto a la cita con la Historia. La muerte de Alberto salpica con sangre a la República, a la democracia y al propio Gobierno. La sociedad esperaba una estadista, libre de toda sospecha, que con templanza transmitiera serenidad y seguridad al conjunto de la población, garantizando todos los recursos del Estado para colaborar con la tarea independiente y eficaz de la Justicia.
La muerte del fiscal Nisman debe ser una bisagra en nuestra realidad. De lo contrario, como ya dijo Mariano Moreno en los albores del nacimiento de la Patria, será nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.
 
El ex fiscal Lanusse se niega a creer en un suicidio libre y voluntario del fiscal Alberto Nisman.                                                                       

viernes, 15 de noviembre de 2013

LUIS D'ELIA, ESE IDIOTA CON GANAS

 Por Ariel Corbat

No es que yo sea una luz; porque asumida mi propia idiotez ya ha pasado el tiempo en que me pensaba un genio no reconocido. Pero, aún así, tengo la fatal impresión de estar viviendo una época de creciente idiotez. Las noticias en general reflejan abundancia de comportamientos que no pueden excusarse por ignorancia, confusión o inexperiencia, sino que son decididamente idiotas.

Que Luis D’Elía pida cárcel y decomiso para quienes difundan la cotización del dólar blue es, ¿qué duda cabe?, sencillamente idiota. Ahora, que además lo haga proponiendo seguir el ejemplo de Nicolás Maduro es demostrativo de una idiotez potenciada por la decidida voluntad de ser idiota y tomando por idiotas a los demás. Para no andar con medias tintas: considero a Luis D’Elía un idiota con ganas, como suelen ser los enemigos de la Libertad aunque prefieran pasar por matones.

Venezuela, entregada por Hugo Chávez a Cuba, tiene en Maduro a un sátrapa castrista que cada día la vuelve más irracional. Frente a una economía paralizada por los controles, lo único que se les ocurre a los cráneos del llamado Socialismo del Siglo XXI es aplicar mayores controles. Desquiciantes controles sobre un pueblo idiotizado por una revolución idiota conducida por idiotas. Por esta vía va Venezuela camino a ser otra Corea del Norte, donde lo dramático supera lo ridículo, y entonces ya confirmaremos que la pregunta retórica con que el Himno Nacional Argentino describía su realidad en 1813 es hoy una profecía: “¿No los veis sobre el triste Caracas, luto, y llantos, y muerte esparcir?”.

Cuando el fanático kirchnerista Luis D’Elía pide cárcel y controles, evidencia que se pretende imponer en nuestra todavía República Argentina ese mismo proyecto totalitario. Proyecto que no creo haya muerto en las pasadas elecciones, pues el núcleo duro del kirchnerismo comparte la idea de profundizar el modelo en la dirección señalada por D’Elía. Y aunque no lo señalara expresamente, es allí adonde lleva la mera inercia de las acciones ya ejecutadas por Guillermo Moreno como mandamás de la economía y “Señor de los permisos”.

Ya no tomo a risa lo que pasa en Venezuela. Veo con preocupación que Maduro la lleva a parecerse a Corea del Norte, y así como hoy expropia comercios y saca a las calles para controlar precios al ejército de cipayos de Cuba, degradación de las que fueron antes de Chávez las Fuerzas Armadas Venezolanas, mañana estará fusilando gente por tener algún gesto de vida propia.

Tenemos la creencia de ser distintos que los venezolanos, y suponemos no ser tan idiotas para caer en lo mismo. Sin embargo hace diez años que a distinto paso vamos siguiendo su huella, y no solamente por voluntad del oficialismo: el electo Senador Nacional por la Capital Federal Fernando Pino Solanas es un antiguo chavista que, con grandes declamaciones, sostuvo en Caracas, el 21 de Mayo de 2004, que América renace desde el rigor y el esfuerzo que encabezan Cuba y Venezuela dando ejemplo de “democracia plena”. Llamar “democracia plena” a la dictadura cubana es una idiotez desenfadada, otra mentira de la izquierda no cuestionada por el complaciente progresismo; sabrán sus votantes si son simplemente idiotas, antidemocráticos o las dos cosas por igual.

No dudo que anida en los argentinos un fuerte sentimiento de Libertad, en gran medida porque somos la Nación que forjó su alma en la poética fragua de Vicente López. Pero venimos flojos de racionalidad y nos están empujando a la intolerancia, como es fácil comprobar a diario. A la idiotez no se la puede frenar con más idiotez, necesitamos bajarnos del carrusel de Cristina Fernández y apuntalar lo racional, organizarnos para defender la Libertad, recordar como decía George Orwell en 1984 que dos más dos son cuatro y seguirán siendo cuatro sin importar que nos digan que es tres o cinco. Como liberal digo que con racionalidad y tolerancia se construyó el liberalismo, con racionalidad y tolerancia es urgente construir una alternativa para que el país no siga retrocediendo a discutir cuestiones pre-constitucionales como las libertades individuales, la propiedad privada, comerciar moneda o la irretroactividad de la ley penal.

Si no organizamos una sólida barrera al proyecto totalitario, el realismo político indica que la última esperanza de frenar la idiotez sería el azar: que Venezuela estalle a tiempo y que lo haga de tal manera que abra los ojos de los idiotizados; igual que un susto despeja a un mamado. Aconsejo no confiar en el azar, la suerte es grela.



PD: Redacté esta nota para salir en la sección OPINIÓN de Infobae.com en la mañana del 14NOV13,  por razones que desconozco no fue publicada en ese medio.

FUENTE: http://plumaderecha.blogspot.com.ar/2013/11/luis-delia-ese-idiota-con-ganas.html