viernes, 29 de marzo de 2013

Carta de familiares de Susana Viau a Gabriela Cerruti


Carta de familiares de Susana Viau a Gabriela Cerruti/ 29 de marzo de 2013.

Señora Gabriela Cerruti:

La familia de Susana Viau (esposo, hijos y hermana) queremos contestar los dichos que usted ha vertido en Facebook y Twitter hablando sobre ella. En sus comentarios se faltó a la verdad al establecer un paralelo entre lo que usted llama "campaña" contra Horacio Verbitsky y "la disputa canallesca sobre la memoria de Susana Viau": la homologa a alguien con quien, como usted bien sabe, ella estaba enfrentada hace años y a quien consideraba, entre otras cosas, un cortesano del poder. Canalla es escribir lo que usted escribió sabiendo que ya no le podría contestar. Difícilmente sea casual que usted no se haya cansado de fatigar los programas donde se sometía y somete a la burla y el escarnio a otros periodistas opositores como ella.

Resulta paradójico que usted hable de una "disputa canallesca" por su memoria y a la vez ponga en su boca comentarios desfavorables contra el medio en el cual publicó sus notas hasta que debió dejar de escribir, medio con el que usted tiene sabidas diferencias, al igual que con el periodista Jorge Lanata. Dice dejar asqueada el periodismo; a nuestro entender, lo hace para introducirse en lo peor de la política, como estas operaciones en las que se que trata de sacar ventaja incluso de la muerte.

Conocemos bien el marco en el que se dio el encuentro azaroso que usted menciona, en el barrio de San Telmo, lugar en el que vivimos desde hace veinte años. Fue en un bar contiguo al centro cultural que usted dirige, espacio que ella nunca quiso frecuentar. Decimos azaroso porque en Twitter usted descalifica a alguien que se queja, precisamente, de que hable ahora que Susana no puede responderle, con las palabras: "Fue mi amiga. No tuya". Nos permitimos corregirla: Susana no la consideraba entre sus amigos.

Lo que usted llama "cuestiones mundanas" constituía, ni más ni menos, la ideología de Susana. Una unidad de ideas políticas que la mantenían en la vereda opuesta a la que usted ha elegido. Ella se consideraba opositora a este gobierno y era muy distinta a la conductora del proyecto político que usted defiende: sabía vivir, pensar y trabajar en disidencia.

Por eso queremos agradecer y no criticar a aquellos que, en las antípodas de sus convicciones, compartieron información, entrevistas, charlas, comidas, y sobre todo, respeto mutuo y muestras de afecto para con ella y nosotros.

jueves, 28 de marzo de 2013

Alfabetización siglo XXI


Alfabetización siglo XXI




  Por Adrián Paenza


Es un momento muy particular del país: entiendo que la noticia principal, tapa de todos los diarios del mundo, sea Bergoglio elegido Papa. De acuerdo. Pero el martes 12 de marzo se produjo un acontecimiento que no vivíamos desde hace más de 60 años: se convoca a un acto en la Casa Rosada para que una presidenta y un ministro de un área que nunca existió anuncien que hay un grupo de personas que está pensando el país que se viene. O, por lo menos, un país posible, el que nos gustaría ser.

Sí. Aunque parezca loco, por primera vez desde que yo recuerde, parece como que nos hemos decidido a que “no nos vaya saliendo ‘país’ a medida que lo vayamos viviendo”, sino que hemos decidido “planificarlo”. Una obviedad: planificar el futuro. ¿Qué país queremos ser? ¿Viviremos toda la vida pendientes de la ganadería y del campo?(1) No reniego de nuestros recursos naturales tradicionales: muy por el contrario. Pero teniendo tanto potencial, ¿podemos seguir dependiendo de si sube o no la soja?

Creo que podemos permitirnos ilusionarnos con algo más, pero para eso hacía falta dar un primer paso, un enorme primer paso, y eso fue lo que anunciaron Cristina Kirchner y Lino Barañao: aumentar el presupuesto de Ciencia y Técnica. Llevarlo del 0,65 por ciento del PBI que se invierte ahora al 1,65 por ciento.

¿Tiene noción usted de lo que significa este anuncio? Lo voy a poner en perspectiva: cuando elegimos presidente en 1999, voté a la Alianza porque –entre otras cosas– en la plataforma figuraba que si llegaban a ser gobierno aumentarían el presupuesto de Ciencia y Técnica de un 0,4 por ciento al 1 por ciento. Es decir, dos veces y media la inversión que se hacía hasta el momento. Yo me lo creí.

Cuatro meses después de la elección, Horacio Verbitsky y yo entrevistamos a Dante Caputo, quien había sido designado secretario de Ciencia y Técnica, el equivalente de lo que hoy es Lino Barañao, pero sin el cargo de ministro, con un rango muchísimo más inferior. Siempre creí que querían premiar a Caputo ofreciéndole algo, y como estaban todos los lugares ocupados y quedó libre Ciencia y Técnica, hacia allá fueron. Pero me desvié. Cuando le preguntamos si el aumento se haría por etapas y de dónde se conseguirían los recursos, Caputo me miró fijo y me contestó (sic): “Pero Paenza, usted sabe que esos números son imposibles. Es mucho dinero. Es un número inalcanzable”.

Es decir, tanto yo como todos aquellos que elegimos leer la plataforma de un partido para saber por qué habríamos de votar a unos y no a otros, fuimos virtualmente “estafados”. Peor aún: Caputo lo asumía con total naturalidad, como quien entiende que el arte de la política es engañar a quienes necesitan seducir para conseguir los votos. Una vez conseguido el objetivo, escaparse con el botín sin despeinarse.

Pero vuelvo al presente. Curiosamente, el anuncio reciente involucra –aproximadamente– multiplicar el porcentaje actual otra vez por 2,5 como en la época de la Alianza. Por supuesto, no sé cuál va a ser el futuro de este proyecto, pero si miramos lo que fue pasando en estos últimos nueve años en el país desde que los Kirchner están al frente del Poder Ejecutivo, tengo derecho a decir que me siento muy confiado. Por supuesto, ahora habrá que implementarlo y, sobre todo, financiarlo.

El país, de acuerdo con este plan, apunta hacia algunos objetivos muy concretos y estratégicos, pero yo me quiero detener en uno muy especial: la generación de software. Sígame por acá.

Una nueva definición

Supongamos que se diera este diálogo imaginario entre usted y yo:

–¿Cuál es su definición de la palabra “alfabeto”? –pregunto yo.

–Una persona que saber leer y escribir –contesta usted.

–¿Seguro? –repregunto yo.

–Mmmmm, sí... seguro –sigue usted, pero dudando un poco.

¿Dudaría? Es decir, ¿contestaría usted que una persona se define hoy como alfabeta si sabe leer y escribir? Creo que es fácil detectar que esa definición estaba bien hace 50 años... o 100 años, pero ¿y hoy? ¿Podría afirmar que una persona que solamente sabe leer y escribir es una persona preparada para enfrentar la vida sin dar ventajas como lo estaba hace un siglo? Ciertamente son condiciones necesarias, pero ¿suficientes?

Lea con cuidado los siguientes dos párrafos (que involucran viajar desde la “a” hasta la “z”) y yo la/lo reencuentro más abajo:

“Hoy nuestra sociedad está viviendo una nueva revolución, sólo comparable a hechos históricos como la invención de la imprenta:

a) teléfonos inteligentes,

b) libros electrónicos y lectores/tabletas para de esos libros,

c) comercio electrónico,

d) consolas de videojuegos,

e) centros de procesamiento de datos corporativos “en la nube”,

f) supercomputadoras para cálculos científicos,

g) fotografía digital,

h) edición de imágenes y edición de musical digital,

i) audio y video on line,

j) navegación guiada por GPS,

k) robots que suplantan a los humanos,

l) control de crucero adaptativo en automóviles,

m) sistemas de control en tiempo real en vehículos híbridos,

n) vehículos robotizados,

o) Internet,

p) correos electrónicos (e-mails),

q) motores de búsqueda,

r) redes sociales,

s) imágenes médicas digitales,

t) cirugías asistidas por computadora,

u) análisis de datos a gran escala que permiten la medicina basada en evidencias y la nueva biología,

v) hojas de cálculo y procesadores de texto,

w) revoluciones en control de inventarios, cadenas de producción y logística,

x) códigos de barras creados automáticdamente,

y) traducciones automáticas de lenguaje natural,

z) reconocimiento de voz.

Los que figuran arriba son los ejemplos más visibles.

Ahora, segundo párrafo: “Estos sistemas, herramientas y servicios pertenecen a un dominio muy vasto, que continúa creciendo, conocido bajo la denominación de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Pero estas tecnologías no se limitan a esas aplicaciones y son en gran parte responsables de la revolución de la biología molecular, con impacto en la salud y la alimentación, o de que muchas industrias hayan mejorado sus productos y los han hecho más seguros y eficientes. Por ejemplo en la industria aeronáutica, el Boeing 787, conocido como Dreamliner, 20 por ciento más económico que los jets que lo precedieron, no se podría haber diseñado ni construido sin el concurso del software. Su predecesor, el Boeing 777, fue el primer avión cuya aerodinamia fue simulada completamente por computadora, sin la utilización de túneles de viento, y ha tenido apenas dos accidentes en 17 años de servicio. Las tecnologías de pronósticos meteorológicos descansan fundamentalmente en la potencia de cálculo y la eficiencia de los algoritmos programados para resolverlos”.

Me detengo acá: estos dos párrafos están extractados de un informe que preparó la Fundación Sadosky(2), y que está –en parte– inspirado en un reporte presentado a Obama y miembros del congreso norteamericano(3).

Es obvio que hay muchísimo para debatir porque esto recién empieza, pero propongo de entrada sumarme a lo que está sucediendo en el mundo: ¡hay que enseñar a programar en las escuelas! Sí, a programar. Y cuando digo escuelas, me refiero a las escuelas primarias y secundarias.

La pregunta que yo quiero hacerle a usted (y me la hago a mí también) es: “¿Queremos subirnos al siglo XXI o no?”. El propósito es empezar a discutir los cambios que debería sufrir (o disfrutar, para elegir un término mejor) el sistema educativo. Tal como está, no sólo atrasa, sino que corremos el peligro de quedarnos afuera de la nueva revolución. Y lo peor es que tenemos todas las herramientas para que eso no suceda. Continuará.

(1) Ni siquiera sé si esto es cierto todavía, pero si no lo fuera, siéntase libre de reemplazar donde dice “ganadería”/”campo” por lo que corresponda.

(2) La Fundación Sadosky, tal como ellos se presentan en su página web, “tiene por objetivo promover la articulación entre el sistema científico-tecnológico y la estructura productiva en todo el ámbito de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), a través de distintos programas y proyectos orientados a mejorar la competitividad y hacer llegar los beneficios de las TIC a toda la sociedad”.

(3) Reporte al Presidente y al Congreso de los EE.UU. “Diseñando un Futuro Digital”. Investigación y Desarrollo financiado con fondos federales en Tecnologías de la Información y Comunicación. Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Tecnología. Diciembre 2010.
 

martes, 26 de marzo de 2013

Caza de brujas




OPINIÓN LANATA
Caza de brujas
POR JORGE LANATA

22/03/13
La caza de brujas duró desde la Bula “Summis desiderantes afectivus” en 1484 hasta la Bula Pro Formandis en 1657. Para Jack Holland, en “Una breve historia de la misoginia”, la cantidad de mujeres quemadas por brujas varía de 60.000 a 2 y 5 millones, según las fuentes. Es una paradoja que quien desató la caza de brujas en la historia, la Iglesia católica, sea ahora quien la sufra.

Las brujas se cazan en la niebla y, si no hay, nada mejor que provocarla para que oculte la cacería. La reacción del Gobierno frente al nombramiento de Bergoglio no sólo fue patética por el repentino cambio de posición, que provocó vergüenza ajena: también lo fue porque se basó en datos que fueron desmentidos por sus propios protagonistas. Y, en verdad, resultó ser un boomerang fatal: a los supuestos secuestrados por la delación del Papa le aparecieron decenas de otros a los que el Papa había ayudado.

“Nosotros nos fuimos de Buenos Aires aproximadamente en 1975”, me dijo en la radio el cura Enrique Martínez, de la parroquia Anunciación del Señor de La Rioja, salvado por Bergoglio.

- El era muy amigo de Angelelli, ¿no?

(Obispo local asesinado por la dictadura en 1976) -Eran amigos, sí, inclusive más... ahora que ya está lejos no le va a dar enojo que cuente que Bergoglio nos bancó de su bolsillo los gastos de nuestra estadía mientras estábamos ocultos en Buenos Aires - ¿Y qué pasó cuando te enteraste de las acusaciones?

-Mirá…las tomo como de quien vienen… son totalmente infundadas. No puede ser que un tipo entregue a dos compañeros y proteja a tres extraños como éramos nosotros… El testimonio de Martínez fue ratificado por Miguel La Civita, actualmente párroco en Villa Eloísa, cerca de Rosario en dialogo con Clarín: “Ayudó a mucha gente a salir del país, gente que pasaba por el Colegio Máximo haciendo retiros, aparentemente. Pero se sabía que era porque necesitaban esconderse, era algo normal. Recuerdo que al padre Vicente Ramos, jesuita, le decía que debía irse e incluso nos pidió que lo ayudáramos a convencerlo. Terminó radicándose en Uruguay, en un pueblito cercano a Brasil.

La difundidísima denuncia de Yorio y Jalics hecha por Horacio Verbitsky fue desmentida, durante la semana, por el propio Jalics que dijo: “Estos son los hechos: no fui denunciado por Bergoglio ”.

El domingo 17 de marzo su compañero de Página 12 Santiago O’Donnell, avergonzado por la situación, publicó una nota autocrítica. Pero le cambiaron el título, aunque se trataba de una columna de opinión.

“Mi columna se llamaba “Perdón” y no “Dudas”. Me cambiaron eso sin avisarme. Subiré al blog el original. Disculpen”, twitteó el mismo domingo, “Si uno mete la pata hay que pedir perdón ”. La actitud de Verbitsky fue exactamente la contraria: ratificó la información desmentida por su protagonista, y la amplió: “Otros dos curas, Luis Dourrón, que luego dejó los hábitos, y Enrique Rastrellini, también actuaban en el Bajo Flores. Bergoglio les pidió que se fueran de allí y cuando se negaron hizo saber a los militares que no los protegía más, y con ese guiño los secuestraron”.

Al día siguiente Rastrellini estuvo con Santo Biassati en la pantalla de TN: sólo tuvo palabras de agradecimiento para el Papa.

El problema de subirse al ropero a dictar clases de moral es que somete a uno al espejo.

Horacio Verbitsky fue, a los 23 años, a trabajar con su papá Bernardo a la redacción de la revista Confirmado, dirigida por Jacobo Timerman. En el staff del número del 26 de agosto de 1965 figura como último en la línea de redactores. Y logró allí una carrera ascendente: en el número del 11 de agosto de 1966 ya figura como jefe de Redacción. Lo curioso es que Confirmado fue, como definió Hugo Gambini en 2003 en La Nación, “el buque de guerra que más bombardeaba al gobierno”. La revista de Timerman tenía el único objetivo de derribar el gobierno constitucional de Arturo Illia, y lo cumplió. Confirmado apoyaba con total descaro al general Onganía como única tabla de salvación posible ante la lentitud y la inoperancia de los radicales. Fueron justamente Confirmado y Primera Plana quienes bautizaron a Illia como “la tortuga” y destacaban el papel político de las Fuerzas Armadas.

Verbitsky hijo era su jefe de Redacción.

Por confesiones públicas del propio Verbitsky sabemos que dejó de pertenecer a los Montoneros en 1977. Varios trabajos que analizaron la guerrilla en Argentina lo muestran como el segundo hombre en Inteligencia de la organización, después de Rodolfo Walsh. Curiosamente, Walsh fue asesinado y Verbitsky ni siquiera salió del país: se mantuvo con su nombre y documento real durante toda la dictadura en Buenos Aires. Hace un tiempo este dato trascendió en medio de una polémica con Marcos Aguinis, que incluyó un cruce de cartas acusatorias con Pedro Güiraldes, hijo del comodoro Juan José Güiraldes, (a) “El cadete”.

“Mi padre y Verbitsky se apreciaban y respetaban, coincidían en algunas cosas –dijo Güiraldes a Clarín– y pensaban distinto en otras. Sus contactos eran la continuidad de la amistad de mi padre con Bernardo, padre de Horacio, y su relación profesional comenzó a mediados de los años sesenta. Me consta que Horacio colaboró con mi padre en el libro “El poder aéreo de los argentinos”, y también en la corrección de discursos del jefe de la Fuerza e integrante, claro de la Junta Militar, porque mi padre me lo comentó específicamente”.

“Mostremos también que nuestras almas no se han contaminado con la pestilencia de lo que debimos limpiar ”, dijo el brigadier Agosti al transmitir el cargo de jefe de la Fuerza al brigadier Graffigna, en un discurso”.

¿Lo habrá escrito Horacio o El Cadete, o ambos?

En plena dictadura y en horario de oficina, Verbitsky concurría a la oficina de Güiraldes frente al parking de la Fuerza Aérea.

“En la oficina de mi viejo funcionaba el lobby militar ”, recuerda Pedro, el hijo de Güiraldes.

La oficina quedaba en Paraguay 727, quinto piso A y el teléfono era 31-3503.

La participación de Verbitsky en el libro “El poder aéreo de los argentinos” es pública, y el libro puede consultarse al día de hoy en la Biblioteca del Círculo Aeronáutico. Está editado el 31 de mayo de 1979, y allí dice el Comodoro: “Este libro no hubiera podido llegar a las prensas de no haber recibido permanente aliento y la eficaz colaboración de Horacio Verbitsky ”. Está editado por la Dirección de Publicaciones de la Fuerza Aérea.

El papa Francisco fue elegido el 13 de marzo. Al día siguiente, si uno buscaba “Horacio Verbitsky” en Wikipedia, decía: “Hacia marzo de 2013 se convirtió en el periodista más consultado del mundo respecto del nuevo Papa, Jorge Bergoglio”. ¿Lo habrá actualizado él mismo tan rápido? ¿Será todo esto una cuestión de vanidad?

Investigación: JL / María Eugenia Duffard / Amelia Cole

lunes, 25 de marzo de 2013

24 de marzo de 1976 MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS


24 de marzo de 1976
MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS

 Es muy difícil, después de más de treinta y cinco años, decir algo —o escribir, en este caso— sobre el nefasto golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y no caer en la redundancia o aportar algún dato nuevo.


    Sin embargo, para quien suscribe, a pesar de haber pasado tanto tiempo, existen algunas preguntas a las que todavía no he podido encontrar respuestas. Estas preguntas devienen de un pensamiento filosófico que es “historia no comprobable”. Historia no comprobable sería, por ejemplo, preguntarse qué hubiese pasado si Herminio Iglesias no hubiese quemado el ataúd en el acto de cierre de campaña de octubre de 1983. Seguramente, y esto sería lo no comprobable, la fórmula Luder-Bitell habría resultado vencedora.
    Y aquí surgen mis primeras preguntas: ¿Qué medidas hubiese tomado el gobierno Justicialista con los responsables del “proceso”? ¿Se habrían animado a enjuiciar y enviar a prisión a los genocidas cuando todavía tenían las armas en sus hombros? Y con los guerrilleros ¿qué hubieran hecho?
    Vale recordar, que la plataforma política del Justicialismo proponía una especie de indulto implícito o encubierto o de hecho o como más le guste llamarlo, tanto para los militares como para los subversivos; esto abre otra incógnita: ¿No hubiese sido “olvido y perdón”?
    Pero, lamentablemente, aquí no terminan mis preguntas sin respuestas. También me gustaría saber qué tendrían que haber hecho las fuerzas de seguridad (Ejercito, Gendarmería, Policía, etc.) en los años 1973, 74, 75, 76; ¿Permitir que se realicen atentados involucrando a gente inocente y quedarse de brazos cruzados?
    Volviendo a la historia no comprobable, supongamos que los “revolucionarios” hubiesen resultado vencedores en su “lucha armada”, ¿No hubiesen tomado el poder por la fuerza al igual que los militares? Y eso, ¿No sería también un gobierno de facto o una dictadura como la que estamos criticando?
    Pero esta pregunta sin respuesta me lleva a otra un tanto mas profunda: ¿Qué hubiesen hecho —siempre siguiendo con la historia no comprobable— los extremistas (en caso de haber vencido, por supuesto) con los militares? ¿No tendríamos otro tipo de desaparecidos?
    Por ultimo, quisiera que el lector reflexione y se haga a sí mismo las siguientes preguntas: ¿Los terroristas, no secuestraban, no mataban, no torturaban, incluso a personas inocentes? Por otro lado, ¿Cuál era el sentimiento de la gente, en su gran mayoría, en ese momento?
    En este punto, me siento en la obligación de aclarar (en el caso que haya algún lector distraído o malintencionado) que bajo ningún punto de vista se pueden justificar las atrocidades que se cometieron en nombre del “Proceso de Reorganización Nacional”, pero tampoco se pueden olvidar actos criminales cometidos por el otro bando.
    Hoy, ya a la distancia, parecería que unos fueron los buenos y otros los malos, especialmente después de la asunción del ex Presidente Néstor Kirchner, quien en el año 1983 formaba parte del mismo Justicialismo que proponía perdonar y olvidar a ambos bandos y del mismo Justicialismo que en el año 1990 indultó, también a ambos bandos; y cuyo acto “progresista” más audaz fue descolgar un cuadro y rodearse de ex terroristas, premiándolos con ministerios, asesorías, bancas en el Congreso y otros puestos, cuando deberían estar tras las rejas junto con los militares del proceso.

Pablo Dócimo

COLABORACIONISTAS K


COLABORACIONISTAS K
Por Guillermo Cherashny
El presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, el radical Julio César Martínez, denunció que el Director Nacional de Inteligencia Estratégica Militar, Carlos Aníbal Aguilar, se desempeñó como PCI (Personal Civil de Inteligencia) de la Fuerza Aérea durante el período 80-83, es decir, en el proceso militar. El mismo Aguilar confirmó la acusación diciendo que era un simple analista de estrategia. Lo que olvida decir este personaje es que, por aquel entonces, trabajó codo a codo con el presidente del CELS, Horacio Verbitsky, mano derecha de Rodolfo Walsh en Montoneros. Pero a diferencia de éste, que murió en combate, el mercenario kirchnerista de Página 12 colaboró con las autoridades militares y delató a sus compañeros, trabajando para la Jefatura II de Inteligencia de la Fuerza Aérea. Verbitsky dependía del entonces joven brigadier Basilio Lami Dozo, a propuesta del comodoro Juan José “Cadete” Güiraldes. En realidad, Verbitsky ya había trabajado para la Fuerza Aérea durante el gobierno de Juan Carlos Onganía, por haber tenido una participación importante en la gestación del golpe contra Arturo Illia desde sus columnas del semanario Confirmado.
El verdadero ministro
En realidad, el factotum del CELS es el verdadero ministro de Defensa, porque la titular formal en ese momento ( Hoy Ministra de Seguridad), Nilda Garré, está manejada por el delator. Martin Andersen, el famoso periodista americano autor de Dossier Secreto -un libro sobre la guerra sucia en Argentina- y ligado al partido Demócrata, dice que Verbitsky “era un montonero de poca monta o un delator”, aunque según nuestras fuentes podría ser las dos cosas a la vez, por algo Martín Grass, hoy Subsecretario de Derechos Humanos, siendo oficial montonero, viajó a Perú en junio del 76 para ejecutar la sentencia de muerte contra Verbitsky ordenada por la conducción de esa organización. Pero terminó perdonándole la vida. Como reconocimiento, Verbitsky le pagó a Grass con la Subsecretaría de Derechos Humanos.
En cuanto a la Ministra Garré, su vida apacible durante el proceso es motivo de sospecha, ya que, siendo la esposa de Juan Manuel Medina, vivió en total tranquilidad del 76 al 83 y una sola vez fue detenida por un día para disimular. Lejos de esconderse, en pleno proceso se mostraba públicamente, haciendo política en las cercanías del entonces presidente del PJ, Deolindo Felipe Bittel. Se supone que debería aparecer en la lista de espías del batallón 601 recientemente difundida. Pero claro, obviamente ella se pudo tachar.
Lo importante es que volvió la delación en el interior de las Fuerzas Armadas. Especialmente en el Ejército, con casos como el pase a retiro del general Hernán Prieto Alemandi por una supuesta reunión con Julio Cobos. Se trata de la misma metodología que el gobierno, a través del proyecto del diputado Alejandro Rossi, trata de imponer en la justicia, por el delito cometido por algunos jueces al emitir fallos contra el gobierno. Los kirchneristas saben que si les pierden el miedo están liquidados.
Por Edgardo Arrivillaga comentando una nota de Cherassny y fuentes propias.
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